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Pueblos «del Caudillo»

Pueblos «del Caudillo»

Castilla y León

27/12/2009

El Instituto Nacional de Colonización, INC, levantó 24 nuevos pueblos y amplió tres ya existentes en la región entre 1945 y 1967, al auspicio de la reforma franquista de la tierra

y. recio (ical) / salamanca

Águeda del Caudillo en Salamanca, Cascón de la Nava en Palencia, la localidad vallisoletana de Foncastín y el burgalés Guma, son sólo algunos ejemplos de los pueblos de colonización que se crearon durante la dictadura franquista con el objetivo de repoblar zonas rurales ofreciendo tierras y aperos de labor a sus habitantes para empezar una nueva vida. Los poblados importantes y que inauguraba el propio Francisco Franco se caracterizaron por llevar en su nombre la coletilla «del Caudillo», que aún hoy mantienen algunos.
Llegaron como suele decirse «con una mano delante y otra detrás», eso sí, en la mayoría de los casos con diez y hasta catorce bocas que alimentar. Eran los colonos de la época del Franquismo, hijos de una posguerra de pobreza y hambre que empezaban una vida nueva con la esperanza de sacar adelante a sus familias trabajando en unas tierras que, con el paso de los años, serían suyas.
El historiador Luis Castro recuerda que el país quedó asolado tras la Guerra Civil, por lo que se planteó la necesidad de llevar a cabo una reforma social y económica de la tierra.
Castilla y León no quedó al margen de estos planes y fueron muchos los pueblos que se fundaron al auspicio de la política franquista, algunos de los cuales siguen teniendo la misma esencia que entonces.
En concreto, entre 1945 y 1967, el Instituto Nacional de Colonización, INC, levantó 24 nuevos poblados y amplió tres ya existentes. Un total de 15 de las nuevas construcciones se realizaron en la provincia salmantina, tres en la leonesa, otras tres en Valladolid, dos en Burgos y una en Palencia.
Castro explica que la selección de los nuevos habitantes se realizaba dando prioridad a quienes se habían quedado sin hogar y sin tierra por invadirles los nuevos embalses, así como a familias numerosas que lo solicitaban.
Así, según recoge el investigador Ángel Cabo Alonso en el artículo Repoblación y Colonización en Castilla y León, los afectados por el embalse de Bárcena se alojaron en Posada del Bierzo, Bárcena del Caudillo y Fuentesnuevas, mientras que los desalojados por el pantano de Linares de Arroyo se asentaron en las fincas de La Vid y Guma, en Burgos.
El agua también anegó poblaciones cercanas al pantano de Villameca (León) y todos sus vecinos fueron trasladados de manera forzosa en un tren hasta la finca de Foncastín, en Valladolid, mientras que en el caso del pueblo de Palencia, Cascón de la Nava, este asentamiento nació de la desecación de la laguna de La Nava.

Salamanca. Sin embargo, los asentamientos que se produjeron en la provincia de Salamanca, concretamente en la comarca de Ciudad Rodrigo, obedecieron a causas diferentes, pues quienes se instalaron en la zona lo hicieron para cumplir con el objetivo de «culminar el proceso de colonización donde se había iniciado en los años 20 del siglo, y sobre todo, ampliar o completar éstos vinculándolos a los planes de grandes regadíos o a favor de ellos», que marcaba el INC.
La actuación estatal empezó en la ribera izquierda, en las fincas Cantarinas y Valdespino, a las que en 1946 se añadieron las de Porrilla y Casasolilla. Se allanó el terreno, se construyó una red de acequias y otra de caminos y los poblados de Águeda del Caudillo y Arrabal de San Sebastián, que se unieron a Conejera y Arrabal del Puente, ya existentes.
En la margen derecha del río, aguas arriba y abajo de Ciudad Rodrigo, el Instituto adquirió las fincas San Juanejo, Prado de los Alisos y partes de Caridad, Palomar e Ivanrey.
El profesor Cabo Alonso, recuerda en sus trabajos que en éste último municipio, por ejemplo, se ofreció el asentamiento a los jornaleros de El Payo, y el total de los que lo aceptaron se completó con algunos de Boadilla y Bocacara. Se les concedió vivienda de tres habitaciones, cocina, comedor, pajar, comedero para el ganado y cobertizo, además de una pareja de vacas, con la obligación de entregar al Instituto la primera ternera, o, si la cría era macho, la cuarta parte del beneficio que proporcionara la venta. Les facilitaron paja, semilla y abonos para dos años.
También, por cada pareja de asentados, un carro, cultivador, grada, arados, coyundas y demás útiles, y el uso dos días por semana de una compuerta.
La intervención del Instituto en la provincia salmantina, que en 1948 se circunscribía a menos de los dos millares de hectáreas, casi todas en secano, y con 194 colonos en ellas, fue extendiéndose hasta abarcar 17.759 hectáreas en 1959, de las cuales, el 2,7 por ciento de ellas regadas. Los poblados, con su iglesia y escuelas y viviendas de maestros, colonos y jornaleros, responden a las fórmulas generales seguidas por el INC en España y muchos de ellos mantienen hoy en día las características que les convirtieron, si no en únicos, sí en especiales.

Recuerdos. De hecho, los vecinos de Águeda del Caudillo recuerdan que antes el pueblo «era intocable», pues no se podía llevar a cabo ninguna reforma para no alterar la imagen de las casas blancas e iguales.
La misma estructura caracteriza a la pedanía de Guma, cuyas calles pueden confundirse «con un cortijo andaluz», como describen sus habitantes, por el blanco de sus casas de planta baja.
Los primeros colonos de Foncastín, Valladolid, se vieron obligados a serlo debido a la construcción del embalse de Villameca, y aún hoy en día rememoran las vivencias que dejaron unidas al desaparecido municipio de Oliegos. Recuerdan la llegada al «pueblo prometido» como una gran «decepción», porque no había «ni rastro» del mismo. Ellos comenzaron de cero.
Por último, Cascón de la Nava es de los pocos ejemplos en los que se puede hablar de un poblado aún «vivo», en cuanto a población se refiere, porque mientras el resto apenas pasa el centenar de personas y algunos ni siquiera llegan, este municipio palentino cuenta con un censo de 400 habitantes.
Tiene una historia reciente, pero ha sido capaz de reinventarla y sobrevivir.    

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